Literatura y cine crean la simbiosis eterna
Don Quijote, Hamlet, El Gran Gatsby o El Último de los Mohicanos son solo algunas de las grandes obras literarias llevadas a la gran pantalla. Parte de la biblioteca universal, convertidas en imágenes y sonido, para el disfrute de las audiencias; y es que, la palabra escrita y el séptimo arte, mantienen una relación de amor-odio que se refleja en algunos de los títulos más importantes que han sido adaptados (con mayor o menor éxito) al celuloide. Pero también, que páginas tras páginas de best-sellers, para muchos sin verdadero valor literario, hayan debutado en salas de cine han abierto debates al respecto de su importancia.
Harry Potter, Crepúsculo o Los Juegos del hambre son todos films sacados de las páginas de libros de gran venta en todo el planeta. Sin embargo, hay quienes resaltan lo positivo de esto, ya que aunque admiten que no son obras de gran peso han llevado a millones de adolescentes a la lectura, y que estos pueden próximamente adentrarse en terrenos más frondosos como lectores.
Libros como estos son solo ejemplos de cintas dedicadas a jóvenes, la mayoría con temáticas fantásticas, pero no son lecturas orientadas a público de mayor edad y no tiene la misma finalidad.
Cine y escritura conservan un vínculo ineludible, la primera nace invariablemente de la segunda, y esta a su vez se nutre de la primera, creando un círculo irrompible y eterno. La dificultad para trasladarse de un medio al otro suele ser una medida del valor de la pieza, puesto que las de lectura fácil poseen una construcción más cinematográfica, mientras que en obras más profundas, los recursos usados son más difíciles de llevar a la pantalla.

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